Investigación aborda uso de psicoestimulantes en estudiantes de Medicina en Chile para mejorar rendimiento académico

Dr. Miguel Reyes, académico Farmacología Medicina

Los psicoestimulantes se usan para mejorar funciones cognitivas como la atención y el estado de alerta, especialmente en contextos de alta exigencia académica. Así resume un grupo de investigadores y docentes de Medicina USACH, perteneciente a Facultad de Ciencias M{edicas (Facimed), y del Centro de Investigación Biomédica y Aplicada (CIBAP), junto a dos ayudantes de la carrera, un artículo de investigación que está ad portas de ser publicado en la Revista Médica de Chile, con el objeto de evaluar la situación.

El estudio, denominado “Prevalencia del consumo de fármacos psicoestimulantes entre estudiantes de medicina y médicos residentes de especialidad en universidades chilenas”, también identifica factores asociados como el estrés académico, el nivel de formación y elementos contextuales en el consumo de estas sustancias.

El profesor de Farmacología de nuestra Escuela, Dr. Miguel Reyes Parada, parte del equipo de investigadores que elaboró el trabajo, nos da a conocer más detalles sobre el novedoso estudio que encuestó a 314 estudiantes de Medicina en todo el país sobre el consumo de estos fármacos: “Nuestro trabajo no es único, por cierto, pero tiene la originalidad de que hay pocos datos de este tipo en Chile y que la muestra es bastante grande comparativamente con otras. Tiene la particularidad, además, de que es totalmente actual, o sea, es dos mil veintiséis”.

-¿De dónde nace la inquietud de investigar el uso de sustancias, específicamente estos fármacos, entre estudiantes de Medicina?
-El interés nace del equipo de trabajo. Como no teníamos datos, decidimos ir a recabarlos en lo que se llama un estudio descriptivo y de momento único. En el fondo sacamos la foto, cuál es la situación en el momento en que se hizo el estudio, que fue entre fines de 2024 y comienzos de 2025.

En este trabajo tuvimos contacto con varias sociedades y academias científicas de estudiantes de Medicina, que son órganos transversales a todas las facultades; a todas las Escuelas de todas las universidades y otras instancias que nos permitieron hacer la difusión de esta encuesta, que fue voluntaria, anónima y confidencial.

Como la idea era que fuera ampliamente difundida, buscamos una muestra abierta, heterogénea y representativa. Siempre hay ciertos niveles de sesgo, pero en términos generales, estadísticamente, es una muestra representativa de todos los estudiantes de Medicina de Chile, además de los que están en formación de especialistas.


Con o sin receta
– En el estudio, la mayoría menciona que no usa psicoestimulantes bajo prescripción médica ¿Cómo llegaron a obtenerlos entonces?
-Nosotros nos concentramos esencialmente en psicoestimulantes con prescripción médica. Básicamente metilfenidato; anfetamina y lixdexanfetamina, y modafinilo, que se usa mucho.

En primer término, la respuesta que nosotros consideramos de ‘consumidores’, fue de aquellos que indicaban su uso todas las semanas; al menos una vez al mes o todos los días, que consideramos es una frecuencia relativamente alta. Mientras que los que reconocían su uso menos de una vez al mes; en raras ocasiones o nunca, fueron considerados ‘no consumidores’.

Agrupando ese primer filtro, llama la atención que alrededor de un tercio de los estudiantes reconocieron o señalaron ser ‘consumidores’, con frecuencias bastante más altas que la población general.

El segundo aspecto, es que se registró que un quinto de los que consumen lo hace sin prescripción médica. Es decir, no hay diagnóstico, no hay nada. Algunas de estas sustancias requieren recetas retenidas, de fármacos controlados.

En tercer lugar, una cosa que sí es muy llamativa es que aproximadamente más de un tercio de los encuestados, diría que casi el 40% de los consumidores, declara hacerlo esencialmente para mejorar su performance cognitiva, sin tener diagnóstico.

Analizamos nuestros datos a la luz de múltiples otros estudios que se han hecho desde Israel hasta EE.UU.; desde Francia hasta África; desde Oceanía hasta países asiáticos, y los patrones son más o menos similares. Hay un porcentaje no menor, un tercio de los estudiantes que, eventualmente, son consumidores de estas sustancias y en general es transversal a todas las universidades.


“Doping Intelectual”
-¿Existe alguna asociación entre el rendimiento académico efectivo y el uso de estos fármacos?
-Es bien controvertido. Cuando por ejemplo hay síndrome de déficit atencional bien diagnosticado, estos psicoestimulantes sí mejoran la performance cognitiva. Ahí no hay misterio, es el efecto clínico.

En personas que no tienen déficit atencional, también está demostrado que, por ejemplo, aumentan los niveles de atención y aumenta el tiempo de vigilia. Por ejemplo, al aumentar el tiempo de vigilia, yo estoy más despierto, tengo más tiempo para estudiar y puedo concentrarme mejor.

Si uno pregunta a los estudiantes, el uso de estas sustancias sí mejora su capacidad y su desempeño académico. Les va mejor en términos perceptuales. Después el dato duro mismo es un poco más controvertido.

-Usted plantea preocupaciones éticas y de salud pública por el consumo de psicoestimulantes entre estudiantes ¿Puede explicar sucintamente cuáles?
-Desde el punto de vista de la salud pública, estas drogas, como cualquier otra sustancia, tienen efectos adversos. Particularmente hay problemas a nivel cardiovascular. Puede aumentar la presión arterial y aumenta normalmente el trabajo cardíaco. No solo tienen efectos en el cerebro, sino que tienen efectos a nivel global, sistémico.

Además, en algunos casos, muy particularmente con anfetamina, hay claramente una posibilidad, un potencial adictivo. Al seguir consumiendo aumenta la exposición y las dosis; eso finalmente puede generar estos problemas cardiovasculares.

También observamos en el estudio que el consumo aumenta en la medida que vamos avanzando en la carrera. Donde más se ve es en los años de internado. Estudiantes de quinto, sexto y séptimo año, tienen mayores niveles de consumo comparado con los que cursan los primeros tres años. Lo mismo se observa en el caso de los estudiantes en etapa de especialización, de formación de especialistas.

Desde el punto de vista ético es bien controvertido. No son pocas las instancias en señalar – más bien del ámbito de las ciencias sociales o de la ética médica, universitaria y profesional – que habría una especie de ‘doping intelectual’ ¿qué sucede con una evaluación académica, en donde tengo la mitad del curso que está consumiendo el psicoestimulante y la otra mitad no? ¿están en las mismas condiciones?

Un dato interesante. Una de las respuestas de los estudiantes fue que ‘no necesariamente lo hago por una necesidad, sino porque todo el mundo lo está haciendo. Y si todo el mundo lo hace, bueno, será por algo, y lo hago para estar en igualdad de condiciones’. Todos estos elementos al menos merecen discusión.


Entrar a la discusión
-El trabajo plantea que podrían realizarse eventuales “intervenciones éticas y educativas” ¿cuáles podrían ser aquellas?

-Poner el tema en discusión. Especialmente dentro de esta población particular de estudiantes. Claro que insisto, que este consumo es totalmente transversal. Se ve desde estudiantes de ingeniería, hasta estudiantes de leyes; desde estudiantes de arquitectura, hasta estudiantes de periodismo. Pero ninguna de esas poblaciones tiene la capacidad, por el tipo de estudios que realizan, de comprender con tanta claridad las connotaciones del uso de estas sustancias, como los estudiantes de Medicina. Creo que es muy interesante entrar en la discusión y aportar estos datos del estudio. Además, por parte de los académicos que trabajamos en la docencia universitaria, considero que este trabajo involucra tener una preocupación y estar atentos.


Artículo de Investigación: Revista Médica de Chile

Quilaqueo C, Campos, Cáceres-Vergara J, Reyes-Parada M, Sulz L, Renard GM.