“Las personas de 30 a 40 años también pueden sufrir un infarto”

Dra. Claudia Aravena Jofré, egresada de Medicina USACH y única cardióloga de Rapa Nui:

En el Mes del Corazón, la prevención vuelve a ocupar un lugar central. Desde Rapa Nui, donde trabaja desde 2007 y es la única cardióloga de la isla, la Dra. Claudia Aravena Jofré nos recomienda mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, dormir bien, evitar el tabaco y controlar el estrés, hábitos que, según la evidencia, pueden reducir hasta en un 80 o 90% el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Un mensaje especialmente relevante cuando los infartos están afectando cada vez a personas más jóvenes.

Pero la médica especialista, no solo comparte recomendaciones para cuidar el corazón, sino también su experiencia de vida. Madre de dos hijos y formada en la USACH, decidió quedarse en Isla de Pascua tras realizar allí su internado rural, convencida de que es posible desarrollar una medicina de excelencia y profundamente humana, incluso en uno de los lugares más remotos de nuestro país, donde también construyó una familia.

 ¿Cuáles son los hábitos más importantes que toda persona debería incorporar para mantener un corazón saludable y prevenir enfermedades vinculadas a este órgano?
Lo ideal es incorporar en nuestra vida cotidiana buenos hábitos, así como evitar el sedentarismo y realizar 150 minutos de actividad física moderada en la semana o 75 minutos de ejercicio vigoroso. ¿Qué actividad física es moderada? aquella que te acelere la frecuencia cardiaca y la respiración, como caminar de prisa, bailar o incluso hacer tareas del hogar, pero con energía.

Tener una alimentación saludable y equilibrada, abundante en frutas y verduras, proteínas de alta calidad como legumbres, pescados, aves, huevos. Nuestra alimentación debería Incluir todos los grupos de alimentos en una proporción adecuada. Por ejemplo, un plato de comida ideal debería contener un 50% de verduras, un 25% de proteínas y un 25% de carbohidratos.

Además, estamos mal acostumbrados a consumir porciones muy grandes o platos demasiado llenos, un hábito que debemos comenzar a corregir en nuestras casas y enseñar también a nuestros niños. Finalmente, no debemos olvidar una buena hidratación con agua por sobre las bebidas azucaradas.

Es importante mencionar que se debe evitar el consumo de tabaco en cualquiera de sus formas, ya sea cigarros o vaporizadores, así como también el consumo de alcohol. Además es fundamental descansar. Los adultos deberían dormir entre 7 y 9 horas, mientras que los adolescentes y niños necesitan aún más tiempo de sueño. Nuestro cuerpo necesita descansar. También hay que tener cuidado con el uso de la televisión y el celular hasta muy tarde, que dificultan conciliar el sueño. Siempre es recomendable establecer límites, incluso programar una alarma para ir a dormir, no solo para despertar. Dormir menos de 6 horas puede duplicar el riesgo de enfermedad cardiovascular.

También es importante manejar el estrés. Ojalá pudiéramos evitarlo, pero cuando eso no es posible, hay que buscar formas de controlarlo, como realizar actividad física, dedicar tiempo a los hobbies o practicar otras actividades.

En los últimos años hemos visto un aumento de infartos y otras enfermedades cardiovasculares en personas jóvenes. ¿A qué atribuye este fenómeno y qué señales de alerta no deberían ignorarse?
Efectivamente está cambiando la edad en que se producen los infartos cardíacos. Antes ocurrían con mayor frecuencia en hombres mayores de 55 años y mujeres sobre 65 años; actualmente se están produciendo también en personas menores de 50, incluso menores de 40 y 30 años.

Se plantea que esto está asociado a nuestro estilo de vida actual, con una aparición cada vez más precoz de enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, el colesterol alto, la diabetes mellitus y la obesidad. En nuestro país, el porcentaje de adultos con obesidad es muy alto, cercano al 40%.

A esto se suman los altos índices de tabaquismo, incluyendo nuevas formas de consumo que son igual de dañinas; el sedentarismo asociado al uso excesivo de pantallas y televisión, que nos lleva a permanecer cada vez más tiempo sin movernos; los altos niveles de estrés; y, en los jóvenes, el consumo de bebidas energizantes, que aumenta el riesgo de arritmias, infartos y alzas de presión arterial. No hay que pensar que por ser joven, de 30 o 40 años, no se puede sufrir un infarto. Es importante no ignorar los síntomas iniciales y realizarse exámenes preventivos, especialmente si nuestros hábitos de vida no son saludables.

Muchas personas creen que las enfermedades cardiovasculares afectan solo a adultos mayores. ¿Qué mitos sobre la salud del corazón considera importante derribar hoy?
Es importante entender que las enfermedades cardíacas ya no son exclusivas de los adultos mayores. La edad, por sí sola, ya no es un factor protector, si no la complementamos con un estilo de vida saludable y un buen cuidado de nuestro cuerpo.

En Chile, cerca de un 10% de los infartos al corazón ocurren en personas menores de 40 años, siendo más frecuentes en hombres. Además, 1 de cada 8 personas entre los 20 y 40 años es hipertensa, y lo más preocupante es que cerca del 50% no lo sabe. Debemos derribar el mito de que la hipertensión arterial o presión alta “se siente”, porque la mayoría de las veces es una enfermedad asintomática. También es importante derribar el mito de que las drogas, incluida la marihuana, no hacen daño. Sí pueden producir efectos perjudiciales y aumentar el riesgo de infarto.

Del mismo modo, es necesario desmitificar la idea de que los vaporizadores son menos dañinos. Para el corazón, son igual de perjudiciales que el cigarrillo tradicional. Y no puedo dejar de mencionar a las mujeres, que también están en riesgo de sufrir un infarto al corazón. Cerca del 40% de los infartos ocurren en mujeres. Además, hay que considerar que pueden presentar síntomas atípicos o confusos, como dolor en la boca del estómago o en la espalda, molestias digestivas u otros síntomas que pueden retrasar la consulta y el tratamiento.


Una medicina más humana y cercana a la realidad

Como egresada de Medicina USACH y con una destacada trayectoria profesional, ¿qué sello formativo considera que le entregó la Escuela y de qué manera influyó en su ejercicio como cardióloga en Rapa Nui, un territorio tan aislado?
La USACH me enseñó la Medicina de una manera más humana, más cercana a las necesidades y a la realidad de las personas. Esa formación ha marcado toda mi carrera y me ha mantenido ligada al servicio público. Probablemente también influyó en que llevo muchos años trabajando en Isla de Pascua, contribuyendo, de alguna manera, a que se hiciera justicia y que este territorio hoy cuente con especialistas y subespecialistas.

Sin duda, la universidad influyó en esa decisión. Cuando era estudiante de Medicina, la USACH tenía un campo clínico para el internado rural en Isla de Pascua. De todos los compañeros que vinimos a hacer el internado, fui la única que se quedó. O, como me gusta decir, la Isla se quedó conmigo. Por eso creo que es importante que las universidades sigan teniendo presencia en zonas alejadas o extremas.

Usted es la única cardióloga de Rapa Nui. ¿Cuáles han sido los principales desafíos y aprendizajes de esa experiencia?
Sí, efectivamente soy la única cardióloga de la isla. Incluso, durante más de 10 años fui la única especialista en Medicina Interna. Cuando llegué a trabajar de manera estable, alrededor del año 2007, muy pocos especialistas se interesaban en desarrollar su carrera de forma permanente en un lugar tan remoto. La distancia y las limitaciones de recursos médicos, muy distintas a las de las grandes ciudades, hacían que esta decisión pareciera fuera de lo común para muchos colegas. Quizás pensaban que era una aventura y que pronto volvería a Santiago, pero no fue así. Sigo trabajando acá, feliz con lo que hago. Tal vez hasta fui visionaria, considerando que hoy muchas personas ya no ven a Santiago como un lugar tan seguro y tranquilo para vivir.

Siempre ha habido desafíos, especialmente en cómo entregar la mejor atención posible con los recursos disponibles. Cuando comencé a trabajar en Isla de Pascua no había escáner, algo que hoy parece impensable. Tampoco existía un avión ambulancia para el traslado de pacientes críticos y había muy pocos especialistas. De hecho, cuando vine por primera vez, en el año 2000, el hospital contaba con sólo tres médicos generales que realizaban todas las labores: atendían adultos y niños, asistían partos y participaban en cirugías. Eso sí que era un verdadero desafío.

Ha ayudado a resolver este punto, que el hospital ha ido creciendo de manera progresiva y hoy ofrece una mejor atención en salud. Lo que no podemos resolver en la Isla lo abordamos en coordinación con el Servicio de Salud Metropolitano Oriente, mediante telemedicina o derivaciones presenciales.

También está el desafío cultural, algo que siempre he abordado con mucho respeto por las tradiciones y la forma de vida del pueblo Rapa Nui. En lo personal, una de las mayores dificultades ha sido la distancia con mi familia y mis amigos que viven en el continente. Lo he tratado de subsanar viajando con mayor frecuencia y manteniendo un contacto cercano con ellos, donde la tecnología ha sido un gran aporte.


Las falencias y dificultades se pueden subsanar
Pensando en las nuevas generaciones de estudiantes de Medicina, especialmente en las mujeres que desean especializarse en cardiología y apoyar con su labor en zonas lejanas, ¿Qué mensaje le gustaría compartirles?
Que sí se puede. Que trabajar en Medicina y en Cardiología ha sido una de las experiencias más lindas y gratificantes que he podido vivir. Las dificultades o falencias se pueden ir subsanando, la vida se puede organizar incluso teniendo dos hijos, y es posible mantenerse al día mediante viajes, estudio a distancia y el contacto permanente con otros colegas cardiólogos. En mi caso, siempre he contado con el apoyo de equipos del Hospital del Salvador y del Instituto Nacional del Tórax.

Que es muy gratificante poder entregar tratamientos de alto nivel en un lugar tan lejano como Isla de Pascua. Trabajar en una zona extrema tiene desafíos, pero también muchas satisfacciones. Una de las más importantes es acompañar a los pacientes durante todo su proceso: desde la primera consulta, ver cómo responden al tratamiento, cómo recuperan su salud y luego encontrarlos en la calle, bien, junto a sus familias.

Al final, todo depende de lo que uno busca como profesional. En mi caso, trabajar aquí me ha permitido sentirme plenamente realizada como médico y como persona.