“Buenos hábitos de alimentación y sueño ayudan al desarrollo del cerebro”
Dra. Patricia Crespo, neurocirujana y egresada de Medicina USACH:
El 22 de julio se conmemora el Día del Cerebro. En este contexto, conversamos con la Dra. Patricia Crespo, médica egresada de la primera generación de Medicina USACH y especialista en neurocirugía pediátrica. Ella es una de las primeras cinco neurocirujanas de nuestro país y nos explicó cómo mantener saludable este órgano fundamental.
➽ Cuando se habla de promoción de la salud, generalmente se piensa en el corazón o la alimentación. ¿Qué significa promover una óptima salud cerebral y por qué debería ser una preocupación desde la infancia?
-Hay que tener en cuenta que el desarrollo cerebral comienza incluso antes del nacimiento y es el proceso más activo en la infancia y la adolescencia. Entonces uno debe promover una alimentación sana con no tantos alimentos procesados. Y equilibrada. Otra cosa importante: mantener horarios y horas de sueño adecuadas. Eso estabiliza el sistema hormonal de los niños, el cerebro e incluso les ayuda a bajar los grados de ansiedad y de estrés en la adolescencia.
Mantener actividad física y, además, limitar el uso de pantallas. O el uso de entretenimiento como la sobreestimulación. Los niños deben aburrirse porque, en la medida que se aburren, desarrollan habilidades para entretenerse, elaboran nuevos juegos y el hecho de explorar nuevas oportunidades crea un desarrollo natural del cerebro.
➽ ¿Cuáles son los principales factores de riesgo que pueden afectar la salud del cerebro a lo largo de la vida y cuáles son aquellos que sí podemos prevenir desde edades tempranas?
– Bueno, los principales factores de riesgo que pueden afectar la salud del cerebro están divididos en dos: uno, nuestra carga genética y dos, lo que podemos prevenir.
Esto tiene mucha relación con la primera pregunta, porque el desarrollo cerebral, incluso conductas que se adquirieron en la infancia, son las que se repiten toda la vida. Por lo tanto, un niño con mejor desarrollo del lenguaje, con mayor estimulación del lenguaje de juego de sus pares, tiene más conexiones en su edad adulta y más herramientas para enfrentar enfermedades a dicha edad; porque en el fondo tiene, por así decirlo, más reserva neuronal o más reserva de conexiones neuronales que pueden ir supliendo. Cada estimulación significa crear redes neuronales que quedan en nuestro cerebro y quedan grabadas. Por eso es tan importante el juego, la relación con otros, un ambiente protegido. Tener horarios, por ejemplo, les crea también a los niños menos estrés, menos ansiedad y menos depresión, incluso, en la adolescencia. Así que eso se puede prevenir a edades muy tempranas.
Para favorecer un desarrollo cerebral, es necesario prevenir los accidentes y todos los traumas craneoencefálicos en niños, que se producen por accidentes que pueden ser evitables.
➽ Los traumatismos craneales son una causa frecuente de consulta en pediatría. ¿Cuáles son los accidentes más comunes que afectan la cabeza de niños y niñas, y qué medidas de prevención hay que tener en cuenta?
– Los accidentes más comunes dependen de la etapa del desarrollo. Desde los seis meses al año, son las caídas de las cunas, los mudadores o de la cama.
Después, cerca del año, son las caídas en los andadores, porque en el fondo uno le imprime a los niños una velocidad sin freno que no está diseñada para su cuerpo. También los accidentes de tránsito, que pueden afectar a niños, niñas y adolescentes en distintas etapas de su desarrollo. Muchas veces las lesiones ocurren porque no se utilizan medidas como el cinturón de seguridad, las sillas infantiles o los arneses de sujeción.
Después, en la edad escolar, para prevenir traumatismos craneales frecuentes, hay que evitar que los niños corran, por ejemplo, con lápices en las manos o con tijeras en las manos, porque se tropiezan, se caen y se los pueden enterrar en la cabeza. Los espacios deportivos son más protegidos y, cuando ocurren accidentes deportivos, es porque los niños andan en bicicleta o skate sin casco, por ejemplo.
➽ Usted fue parte de la primera generación de médicas y médicos de Medicina USACH. Mirando su trayectoria profesional, ¿qué sello formativo cree que le entregó la universidad y cómo se ha reflejado en su ejercicio como neurocirujana?
– Ser parte de la primera generación de médicos de la USACH fue un gran desafío, así como un gran orgullo. Yo creo que aprendimos la resiliencia, el esfuerzo y, además, que la disciplina supera cualquier obstáculo; ser disciplinado constante. Uno en los hospitales públicos a veces tiene que ofrecer tratamiento con pocos recursos y hay muchos doctores y profesionales que se frustran frente a eso. Creo que en la USACH aprendimos que uno, si quiere sacar algo adelante, lo puede hacer con lo que se pueda; hay que tener voluntad más que nada.
➽ La neurocirugía ha sido históricamente una especialidad con escasa presencia femenina. ¿Cómo fue abrirse camino en este ámbito y qué mensaje le daría hoy a las estudiantes de Medicina que desean seguir una carrera quirúrgica?
La neurocirugía era históricamente una carrera de hombres. Cuando yo me formé, no existían casi mujeres. Yo fui la quinta mujer en formarse de manera formal en Chile y el abrirme camino en ese ámbito fue bien duro. Eran otros tratos de los profesores; era muy machista. Se reían de que yo quisiera ser neurocirujano; eran malos tratos que ahora serían impensables.
Yo la verdad es que ahora he visto cómo se forman y los tiempos han cambiado mucho. Creo que una mujer puede desarrollar la carrera que sea, al igual que el hombre. Lo importante es tener disciplina, resiliencia y ganas de hacerlo. Una carrera quirúrgica es para toda la vida y requiere de un compromiso mayor. No solo termina en el acto quirúrgico; hay controles del paciente, hay que continuar viendo al paciente, tener tolerancia a la frustración, porque no siempre sale bien una cirugía.
Aunque en su momento fue duro abrirse camino, una vez que terminé la beca fue fácil; fue fácil trabajar con pares. Hasta el día de hoy trabajo con pares y es un grato ambiente, pero durante mi formación fue bastante duro.
Y por último, creo que todas las especialidades quirúrgicas requieren vocación, disciplina, estudio permanente, fortaleza y resiliencia. Si uno quiere algo, lo tiene que lograr y seguir con convicción. Yo me acuerdo mucho cuando profes míos en el internado me decían: “¿Quieres ser neurocirujano?” y se reían; yo decía: “¿Por qué no puedo ser neurocirujana? Depende del convencimiento y de lo que uno quiere. Perseguir sus metas y sus sueños. No dejarse guiar por estereotipos o por lo que me dijeron.
➽ Después de tantos años dedicados a la neurocirugía pediátrica, ¿qué es lo que más la sigue motivando de su profesión?
– Lo que más me motiva es cambiar la vida de un niño y de su familia. Uno no solo resuelve una cirugía, hace acompañamiento; comparte con un equipo multidisciplinario que hay detrás; comparte con el niño y su mundo; y el verlo crecer es totalmente motivante. Más que resolver una enfermedad, porque hay muchas que uno no resuelve completamente. Me motiva escuchar y explicar con honestidad lo que corresponde. Hay que saber que detrás de cada paciente hay todo un mundo, una familia. Nunca un caso es similar a otro. A veces solo basta acompañar a la familia, sobre todo cuando el desenlace no es como se espera. Uno aprende también los límites del ser humano, y eso uno también lo aplica en su vida.
