“La población en Chile está metabólicamente muy enferma y se alimenta mal”
Dr. René Nanjarí en el Día Mundial de la Hipertensión
La hipertensión arterial afecta a un 36% de la población en nuestro país, superando el promedio global. El cardiólogo y académico de Medicina USACH analiza los desafíos en pesquisa temprana, el impacto del sedentarismo y la necesidad de políticas públicas más globales.
La hipertensión arterial afecta a una de cada tres personas de entre 30 y 79 años en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Chile, el panorama es aún más complejo: un 36% de la población sufre de esta condición, superando el 30% del promedio global. Además, la organización internacional advierte que solo el 34% de los chilenos diagnosticados tiene la enfermedad bajo control.
Con el objetivo de sensibilizar a la población sobre la presión arterial alta, promover su prevención y control, e incentivar acciones colectivas e individuales, cada 17 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Hipertensión.
En este contexto, el Dr. René Nanjarí Palominos, médico especialista en cardiología y docente de la Escuela de Medicina USACH, explica los principales factores de riesgo, las barreras para una detección oportuna y las urgencias sanitarias de esta patología.
El desafío de la pesquisa en pacientes jóvenes y asintomáticos
A la hora de buscar las razones del bajo control de esta enfermedad crónica, el profesional de la salud apunta directamente a la “poca capacidad del sistema sanitario para controlar a la gente relativamente joven”.
“Hay un porcentaje muy importante de pacientes que está terminando los 30 o llegando a los 40 años que, debido a su carga laboral, muchas veces no tiene los permisos o el tiempo para realizarse exámenes preventivos. También hay quienes simplemente no se controlan porque, al ser jóvenes, asumen que están sanos”, añade el académico.
Asimismo, el cardiólogo advierte que otra de las características complejas de la hipertensión es su naturaleza silenciosa. “En muchos casos es completamente asintomática. A veces los pacientes solo refieren un poco de cefalea (dolor de cabeza) o vértigo, pero ya están hipertensos. Al sentirse bien o no tener tiempo, la enfermedad pasa desapercibida y no se pesquisa a tiempo”.
Políticas públicas: ir más allá del sistema de salud tradicional
¿Cuáles son hoy los principales desafíos del sistema de salud chileno para mejorar el diagnóstico y seguimiento de esta patología?
— En nuestro sistema de salud, la hipertensión es una Garantía Explícita en Salud (GES), por lo tanto, todo su tratamiento básico y su pesquisa están financiados; es gratis. El problema es cómo llegamos al paciente.
Actualmente, a propósito de la nueva Ley de Licencia de Conducir, me he topado con muchos pacientes que llegan a la consulta porque les tomaron la presión durante el examen municipal y salieron alterados. Ese tipo de pesquisa indirecta debería aumentar. Necesitamos políticas públicas más globales para salir a buscar a estos pacientes asintomáticos y jóvenes que no se están controlando y que, de cierta forma, escapan del alcance del sistema de salud tradicional.
Radiografía al estilo de vida de los chilenos
Diversos estudios muestran que la hipertensión está estrechamente relacionada con hábitos poco saludables. ¿Cuáles son los factores de riesgo clave en el país?
— Lo primero es la alta ingesta de sal. En promedio, un chileno consume entre 6 y 8 gramos diarios por persona, cuando lo recomendable son máximo cuatro. A esto se suma una alta tasa de obesidad y un sedentarismo alarmante, elementos que impactan directamente en el riesgo cardiovascular.
Debemos recordar que la hipertensión aumenta exponencialmente el riesgo de sufrir eventos graves como infartos o accidentes cerebrovasculares (ACV). Factores modificables como el tabaquismo, la falta de ejercicio y el aumento de peso son críticamente altos en Chile. La población en el país está metabólicamente muy enferma y se alimenta mal.
¿Qué rol juega la actividad física en este escenario y cómo potenciarla?
— Es urgente generar un cambio en los estilos de vida. Existen iniciativas valorables, como cerrar calles los domingos para el deporte o las pausas saludables en los trabajos, incluso el teletrabajo ha permitido que algunos optimicen el tiempo de traslado para ejercitarse. Sin embargo, no existe una estrategia país que sea realmente global, y esa es una falencia. La hipertensión no suele partir a los 60 o 70 años, cuando las personas ya están jubiladas y tienen más tiempo para caminar; empieza a los 35 o 40 años, en plena etapa laboral activa.
El rol de la Atención Primaria de Salud (APS)
Desde la atención primaria, ¿qué estrategias concretas podrían implementarse para reducir este impacto?
— Lo primordial es la concientización desde la base. Medidas como la reducción de sodio en el pan o la Ley de Etiquetado de Alimentos (los sellos “Alto en”) han tenido un efecto favorable. En ese sentido, Chile va bien encaminado y cuenta con políticas públicas fuertes.
Sin embargo, el gran desafío actual es lograr que la gente efectivamente haga más ejercicio, baje de peso y deje de fumar. ¿Cómo implementarlo? Es difícil, pero se debe apuntar a incentivos y estímulos en los entornos laborales: otorgar espacios y tiempos protegidos dentro de la jornada para el ejercicio y promover pausas activas. Es ahí donde podemos marcar la diferencia.
