“No estamos tratando un ‘cerebro’ o unas ‘neuronas enfermas’, sino a una persona inserta en un contexto familiar y escolar”
Dr. Diego Orrego Espinoza, psiquiatra infanto-juvenil por Día Mundial de la Lucha contra la Depresión:
› Médico y docente de Medicina USACH, abordó el tema de la depresión en niños y adolescentes, cuáles son sus síntomas, lo esencial de un diagnóstico precoz y los estigmas que la rodean, sin perder de vista su tratamiento y recomendaciones.
El 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, fecha impulsada para crear conciencia y sensibilizar a la población sobre esta enfermedad cuyas cifras aumentan velozmente. Para motivar su temprana detección y orientar principalmente a los jóvenes a buscar ayuda, hablamos con el Dr. Diego Orrego Espinoza, médico psiquiatra infanto juvenil y docente de la Escuela de Medicina USACH.
› ¿Qué es la depresión? ¿Cuál es la realidad del país en la población infanto-juvenil respecto a esta en Chile? ¿Hay datos a nivel global?
-La depresión es un trastorno de salud mental potencialmente incapacitante para el afectado, tanto por el malestar subjetivo que genera como por los efectos en su funcionalidad (por ejemplo, problemas en el ámbito escolar, académico o laboral, en su relación con personas cercanas, en capacidad de autocuidado, de juego y actividades recreativas, entre otras áreas), requiriendo intervención oportuna y profesional.
A nivel mundial se ha constatado un aumento de las consultas por salud mental a propósito del COVID-19 (La OMS informó un aumento de 25% de consultas por ansiedad y depresión, en 2022 (1) y en Chile también se ha reportado este aumento, como lo señaló la Dra. Vania Martínez (2) en cuanto a consultas de urgencia por salud mental durante el primer semestre, variando un 8% entre 2024 y 2025, y un 18% entre 2022 y 2025. En específico en niños, niñas y adolescentes, la misma autora señala un aumento de 42% de consultas registradas en el Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud entre 2019 y 2024 (3).
› ¿Cuáles son los principales síntomas que las personas o sus amigos y familiares deberían detectar para sospechar que alguien debe ser evaluado médicamente por una posible depresión?
-Habitualmente, lo observable son las crisis de llanto recurrentes, bajo ánimo persistente que impide a la persona realizar sus actividades de la vida diaria, como levantarse a ir al colegio, estudiar o trabajar; puede alterarse el ciclo de sueño-vigilia (aumentando o disminuyendo las horas de sueño). Además, en niños y adolescentes, la depresión puede manifestarse principalmente con episodios de irritabilidad o enojo ante situaciones que previamente no lo generaban.
Ahora bien, un grupo importante de pacientes suele retraerse y aislarse de sus seres queridos, por vergüenza o miedo a incomodarlos, por lo que también si un adolescente previamente sociable, sin mayores dificultades emocionales o de problemas con su entorno, empieza a encerrarse en su pieza, no se viste, no se baña o se aísla de forma abrupta, es motivo de prender alarmas, acercarse al niño, niña o adolescente, preguntarle qué le ocurre y solicitar ayuda en caso de mantener las sospechas.
Por último, mencionar dentro de los síntomas más graves la conducta suicida, en que la persona puede sentir tanta angustia y tristeza que la desesperanza es el sentimiento que predomina. Esto se puede observar tanto con deseos de morir, realizarse autoagresiones o cortes superficiales, o realizar intentos de suicidio. Es importante recordar que la mayoría de las personas que se suicidan han avisado previamente a sus cercanos, por lo que esto se considera una urgencia de salud mental que requiere consulta profesional oportuna.
› ¿Por qué hay estigma? ¿Cuáles son las causas a las que se le atribuye el estigma asociado a los pacientes que sufren depresión?
-El estigma en salud mental es un importante tema de estudio tanto de la psiquiatría como de ciencias sociales, dado que es una constante histórica, al menos en la cultura occidental, que las personas con problemas de salud mental suelen ser discriminadas en sus entornos más cercanos, habitualmente por comportarse de forma distinta a lo esperado o no cumplir con las exigencias de funcionalidad tanto para los adultos como para los menores de edad.
Esto, si bien ha ido cambiando en el tiempo, persisten ciertos estigmas que tildan a la persona con problemas de salud mental como alguien “flojo”, que “no le pone ganas”, que busca “llamar la atención” o “incomodar al resto”, siendo que este vive un sufrimiento importante que le impide desplegar su potencialidad, como si el trastorno mental fuese principalmente un tema de “falta de voluntad” para mejorar. Es precisamente este uno de los puntos clave de la depresión, que la persona está afectada por un trastorno con mecanismos neurobiológicos estudiados (como el déficit de serotonina a nivel cerebral, la principal hipótesis biológica para explicar la depresión), además de formas de pensar en que priman los peores escenarios posibles y opiniones de uno mismo, y que es necesario abordar en psicoterapia.
Sobre otros factores asociados al estigma, por ejemplo, el autor coreano Byung Chul Han (4) plantea que en las sociedades contemporáneas existe un deber del rendimiento, de la autoexigencia y el exceso de información que generan constante sensación de agotamiento en los individuos, de sensación de culpa y de insuficiencia que deposita en el individuo la responsabilidad absoluta de sus dificultades, sin considerar el rol de la sociedad. Esto es algo que también se refleja en niños, niñas y adolescentes.
› ¿Existe un retraso en la consulta? Y si es así, ¿a qué lo atribuye?
-Efectivamente, es habitual el retraso en la consulta médica. Primero, por lo que mencionamos, que este suele ser un trastorno que se vive en soledad o de forma introvertida, pero también por lo que desde la salud pública se llama “barrera de acceso” a la consulta, que son la serie de limitaciones, ya sea de oferta (dificultades para conseguir hora en su prestador, por ejemplo, a nivel de CESFAM o consulta particular, ya sea con médico general como con psiquiatra) o bien económicas (por el costo de la consulta y del tratamiento farmacológico), entre otras causas.
› ¿Se puede sanar de una depresión? ¿Cómo se entiende el proceso de recuperación en la depresión infanto-juvenil y qué rol cumplen la familia, la escuela y el acompañamiento emocional en el pronóstico a largo plazo?
-Sí, la depresión es un trastorno de salud mental recuperable con el tratamiento oportuno. La recuperación es un proceso multifactorial, porque es necesario comprender que no estamos tratando “un cerebro” o unas “neuronas” enfermas, sino una persona inserta en un contexto familiar y escolar, por ende, se deben abordar los aspectos de la condición desde una mirada biopsicosocial. Es decir, desde lo biomédico establecer el diagnóstico y pedir exámenes para descartar que los síntomas depresivos se deban a un problema médico (como la anemia, el hipotiroidismo, por ejemplo).
Iniciar un tratamiento farmacológico bajo supervisión médica es un tratamiento seguro para generar mejoría en los síntomas, además de psicoterapia para establecer posibles motivos de ese malestar e intervenir. También terapia ocupacional para fortalecer habilidades de la vida diaria y otras intervenciones interdisciplinarias.
La familia y las redes de apoyo cercanas son fundamentales pensando en las medidas de cuidado y en la capacidad de regulación emocional que realizan cada vez que el niño, niña o adolescente se siente triste, con miedo o inseguro en general. La idea es pensar cómo esos adultos pueden generar un espacio para el desarrollo de las múltiples potencialidades que tienen los niños, además de ofrecer seguridad y bienestar. En eso, el colegio cumple otro rol fundamental, ya que habitualmente es el primer lugar de socialización de la infancia fuera de la familia. Su aporte también es relevante para la detección temprana de problemas de salud mental e intervenir en situaciones potencialmente nocivas como el bullying.
› ¿Hay algunas recomendaciones en pro de la salud mental de niños y adolescentes?
-Primero, recomendaría algo ya muy repetido, pero necesario siempre de reforzar: la reducción del tiempo en pantallas. La Academia Americana de Pediatría sugiere no usar pantallas en menores de 2 años, limitar a una hora diaria de pantalla libre entre 2 y 5 años, y en edades mayores restringir en la medida del uso (5), en cualquiera de sus modalidades, por sus efectos a nivel del sueño, de la concentración. Sobre todo, pensar en qué está reemplazando la pantalla; por ejemplo, en la interacción a nivel familiar, es habitual que los usuarios digan que almuerzan o toman once en familia y cada uno en su celular o mirando la televisión de fondo; se pierden ahí espacios de encuentro que son vitales para interactuar, para acompañarse y preguntarse cómo fue el día. Por ejemplo, instalar en la rutina diaria o semanal a nivel familiar juegos de mesa es una medida simple pero bastante efectiva.
Por último, no olvidar los espacios de interacción comunitaria, es decir, pensar que niños, niñas y adolescentes vivan su vida no solo en la casa y en el colegio, sino también en talleres de arte, deporte, en actividades comunitarias con vecinos, o con otras instancias según los intereses de cada familia, como iglesias, juntas vecinales y otras organizaciones comunitarias y culturales, que resultan vitales para establecer redes de apoyo y amistades con otros niños y familias.
Referencias
